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Piper: emoción con plumas

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¿Es posible emocionar al espectador con una bola con patas, plumas y unos ojones bien grandes? Así, de buenas a primeras, no parecería; pero Pixar sí lo hace. Lo hizo con el divertidísimo corto For the birds (2000) y lo hace hoy gracias a Piper.

Con El viaje de Arlo (2015), Pixar trabajó el fotorrealismo a unos niveles realmente espectaculares. Los de la compañía del flexo tienen muy claro que los retos tecnológicos de la animación aún no se han terminado. Pero, además, son plenamente conscientes de que uno puede ser muy bueno técnicamente, pero si no tienes una gran historia, no sirve…, y algo de eso les ocurre en la película de Arlo.

Aquí, el debutante Alan Barillaro —lleva unos años trabajando como animador en Pixar— nos cuenta con maestría una historia que todos hemos vivido, antes o después: aquel momento en que, por primera vez, tenemos que salir a la calle y movernos por el mundo sin nadie que nos diga qué hacer. Tendremos amigos, sí —¡qué arte para hacer que te caiga tan simpático una especie de cangrejo de ojos saltones!—; pero para vivir, hay que arriesgar. Y los amigos nos enseñan que sí vale la pena. Piper lo aprende en un día; pero un día que, para él, es como la eternidad que no quieres que termine. Y es que descubrir algo vital para ti, te da una alegría tan grande, que no puedes ni dejar de disfrutarlo ni, por supuesto, como le ocurre a nuestro protagonista, compartirlo con los demás.

En Pixar hay dos tipos de cortometrajes: los simpáticos y divertidos —a veces mucho—, sin más, y los que también son muy profundos. Barillaro coloca este cortometraje al nivel del inmejorable La luna (2011), que nos mostraba, a través de la historia de tres generaciones, la importancia de la inocencia para aprender y aprender a aprender.

Una gran corta película 100% Pixar que, como todas las grandes de la compañía del flexo, recomiendo ver más de una vez.

(hasta que desaparezca, aquí lo tenéis:)

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Érase una vez…

Así podría empezar esta nueva entrada: unos animadores que trabajan en Pixar (el corto, NO es de Pixar), Andrew Coats y Lou Hamou-Lhadj, deciden aprovechar el tiempo que les presta la libertad entre tarea y tarea…: ¡que no debe de ser poca!, a juzgar por su currículum: Coats ha trabajado en Cars 2, Brave y Del Revés. Y su colega, en Wall-EToy Story 3El viaje de Arlo y, también en Brave.

Pero esta vez, deciden aprovechar sus ‘ratos libres’ (prestados) para hacer algo totalmente espectacular, pero no para niños. Profundo: técnicamente y humanamente. Muy duro. Sí: mucho. La historia de un padre y su hijo. Y de un tiempo prestado (que eso significa ‘borrowed time’): el que se te da para que hagas algo mucho más grande de lo que pretendías. El que obtienes cuando te dicen: “tú no tienes la culpa” o, más aún: “te perdono”…

Que de eso habla Borrowed time.

De hecho, cuando acabé de verlo, sin buscarlo, me vino en la mente ese tiempo prestado de Carl Fredricksen y el mensaje de su eterna Ellie: “Gracias por la aventura. Ahora empiezas una nueva”.

(aquí lo puedes ver entero)

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First day of Fall 2016

En Animation blog he hablado mucho de las historias y de los personajes. Cuando un cineasta da mucha importancia a los dos aspectos, puede llegar a realizar una gran película. Este es, de hecho, una de las claves del éxito de Pixar.

Google, con este nuevo doodle, consigue recordarte que hemos empezado otoño (en el hemisferio norte), contándote una simpática historia: ¿cómo hablar de algo muy normal de forma totalmente nueva y que, encima, puedas acabar sonriendo? Me ha parecido digno mencionarlo aquí; además, también es animación 🙂 .

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Pixar: You did It!

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Hay dos maneras de hacer secuelas de películas. Bueno, seguro que existen otras, pero generalizando un poco, creo que con dos, basta. El prototipo de la primera sería Solo en Casa 2 o, incluso, la última entrega de Star Wars: tienes una historia que ha sido un “bombazo” de taquilla y, por lo tanto, hay que aprovechar el “tirón” para realizar una especie de remake cambiando ambientes y personajes, añadiendo efectos especiales más espectaculares –si lo pide la evolución cinematográfica– y lo pintamos de una nueva historia. Incluso, si no le pones el número al final, mejor…

El otro modelo es el que –con mayor o menor acierto, todo hay que decirlo– ha practicado ya unas cuantas veces Pixar: tengo una película de gran éxito de crítica y público, pero voy a dejarla reposar y esperaré a tener OTRA gran historia. No es un remake, sino que quiero aprovechar los personajes ya conocidos para contar su historia. Y, si me convence, la cuento. Si no, ahí se queda… Y ahí han estado, esperando en el baúl de los recuerdos, dos grandes éxitos como Los Increíbles –que tendrá su secuela en 2019– y la que nos atañe: la historia de Nemo, Marlin y Dory que vio luz en el ya lejano 2003 renace hoy con la increíble –nunca mejor dicho– Buscando a Dory.

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A menudo, cuando leemos el título que se usa para traducir el original inglés, crees que se podrían haber ahorrado la versión en castellano. En El viaje de Arlo pienso que no ocurre así: me parece mucho más acertada la versión española que la inglesa “El buen dinosaurio”. Porque The Good Dinosaur es eso: un viaje de retorno a casa, pero sobre todo un apasionante viaje de crecimiento interior del joven dinosaurio Arlo y el peculiar y divertido niño Spot.

Hace muchos, muchos años, un meteorito pudo acabar con los dinosaurios; pero, en este caso, no lo hizo. Por ello, estos grandes animales viven tranquilos, a la vez que los humanos. Arlo nace en una familia de apatosauros. Es muy miedoso y tendrá que aprender, como sus dos hermanos, a superarse y llegar a ser como su padre. Lo que no pensaba es que este aprendizaje tuviera que ser a marchas forzadas debido a la muerte del progenitor y a que, por un accidente, acabe muy lejos de su casa. Spot, un simpático niño salvaje le ayudará en su viaje.

A estas alturas, Pixar tiene un problema: que cada película es un auténtico reto de superación. “¡Bendito problema!”, dirán algunos: los del flexo ponen el nivel tan alto, que los “críticos” vemos cada nueva historia con lupa. Y en El viaje de Arlo, Pixar lo ha vuelto a hacer: una obra de arte –no llega al nivel de Inside Out: eso es muy difícil– que me ha recordado a lo mejor del western de John Ford –con vastos paisajes técnicamente perfectos– y una historia –en mi opinión: algunos la han comparado con Cars (2006)– nunca vista antes en Pixar.

¿Qué hay de nuevo, viejo? En el apartado técnico… casi nada. Bueno, me explico: Up (2009) ya nos había sorprendido con los paisajes venezolanos, pero aquí la informática nos mueve por ríos, bosques, valles y montañas casi fotográficos y verlos en la gran pantalla –y seguro que también en la pequeña– dejan con la boca abierta a más de uno.

Lo nuevo –a mi parecer– está en la historia. No tiene fuerza el comienzo –es verdad: ya lo hemos visto en Bambi (1942), El Rey León (1994) o Buscando a Nemo (2003)– pero el resto de la película me parece una nueva adaptación libre de La Odisea, como ya hicieron los hermanos Cohen en la genial ¡Oh Brother! (2000). Llámame loco; pero a mí me lo empezó a parecer al verla y, entonces, comencé a disfrutar de verdad este viaje.

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Además, se da otro paso en la caracterización de lo que es la amistad, tan bien retratada en las Toy Story. Sin caer en el tópico de que los humanos somos los malos, y los animales, los buenos: es lo que hace el final de Tarzán (1999), comparado con el de El libro de la selva (1967). Aquí, la química entre Arlo y Spot es muy buena y se muestra que no siempre todas las amistades son posibles –entre un humano y un dinosaurio–, mientras se remarca la importancia de la familia. Y no diré más.

Vuelvo a lo que decía antes: ¿dónde está el problema? La nota –muy alta– de la que siempre parte Pixar. No sé si El viaje de Arlo gustará tanto y a un público tan variado: es más para el infantil. Pero, ¿no lo era, también, Buscando a Nemo y, a pesar de ello, se convirtió en la más taquillera, hasta Toy Story 3? De verdad: vale la pena dejar pasar el torbellino Sinsajo para dejarse llevar por este nuevo mundo pixariano.

(Por cierto: el nuevo cortometraje, Sanjay’s Super Team, fenomenal y muy atrevido)

Hay un tipo de animación que siempre me ha llamado mucho la atención. En realidad, es como toda animación: acumulación de dibujos una detrás del otro y vistos a “cámara rápida” –así nació el cine, de hecho.

La stop motion –el tipo de cine al que me refiero– es lo mismo… filmado. Quizá, los más técnicos en la materia me dirán que voy muy equivocado, pero en esencia, es lo mismo.

Esto me viene a colación, por un vídeo que volví a ver y que ya me hizo mucha gracia en su momento. Se hizo famoso en Internet: se trataba de una “Guerra de camisetas” muy original:

Lo que más me gusta no es la animación en sí –que también–, sino que han hecho el esfuerzo de crear una cierta historia.

Hace poco vi una performance que se me hizo asquerosa porque era lo más parecido a la telebasura: mucho ruido y pocas nueces. Aquí no: hay ruido, y “muchas nueces”. Especialmente para el vídeo que hicieron poco después: un anuncio para Mc.Donalds. Les gustó tanto su “guerra particular”, que no debieron dudar ni un momento. En este vídeo lo explican y se ve el trabajazo que da este tipo de animación:

Realmente, estos tíos están zumbados, pero es muy divertido. Tim Burton también nos ha sorprendido con grandes largometrajes como la magnífica Novia cadáver, entre otras; o Fantastic Mr. Fox, la adaptación cinematográfica de Wes Anderson.


Por supuesto, los “reyes del mambo” son nuestros amigos de Aardman y sus gallinas… En realidad, todo esto me venía por unos vídeos que pude ver hace poco, hechos en una escuela de animación en stop motion, me gustaron. No es que ahora me vaya a apuntar (¡Ay, el tiempo!), pero si alguien se anima… Especialmente me llamó la atención el que os pongo a continuación: es que habla de mi “pueblo” 🙂

De esta misma escuela sale un anuncio que está muy bien hecho e impresiona por su difícil sencillez:

 

De secuelas va esto…

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Mucho se ha dicho –a estas alturas de la jugada– sobre la crisis artística que está empezando a asomar por la puerta principal de Pixar. Ya hablé de secuelas hace un tiempo, pero ahora, una nueva gota que ha colmado el vaso de algunos es el anuncio de la secuela de Buscando a Nemo. Esta vez, los personajes buscarán a Dory, la pez que tenía pérdidas muy significativas de memoria inmediata. Ellen DeGeneres (la misma que puso la voz en esta simpática amiga de Marlin, el padre), lo anunció oficialmente: Pixar está trabajando en Finding Dory, para el 25 de noviembre de 2015.

En este breve vídeo, hay algo que me parece muy interesante destacar. Ellen DeGeneres –por lo visto muy conocida en su programa “Ellen”, en Estados Unidos–, durante distintos capítulos de su programa hizo broma sobre una hipotética segunda parte de Finding Nemo. Dice: “cuando hacen una película que ha tenido éxito, lo normal es que hagan una secuela; por ello, esperaba y esperaba…”. Parece que existe como una necesidad de esta segunda parte debido al éxito de su antecesora.

No obstante, a mí me parece que no tiene que existir esta “necesidad” y que este no ha sido nunca uno de los motivos que ha movido a la compañía del flexo –no así a otras como Dreamworks y sus interminables Shrek, por ejemplo– a hacer segundas partes. En Pixar, imperan las historias: si hay algo bueno que contar, hay una película. Si no, no. Toy Story 2, nació porque había una nueva historia distinta que la primera: y la hicieron. Toy Story 3 (ya lo conté), iba a ser una película de Disney, pero con la compra millonaria de Pixar –gracias a la que Lasseter pasaba a ser el director creativo de Disney– se paró el proyecto hasta nueva orden. Finalmente, esta tercera parte es una obra maestra gracias a que, de algún modo, empiezan de nuevo.

Como una buena mini-serie de televisión: cada capítulo es una nueva historia, pero con los mismos personajes. Si hay creatividad, hay historia y, por tanto, nuevos capítulos. Resumiendo la diferencia de silogismo:

  • Incorrecto: éxito => secuela => inventamos la historia => hacemos la película
  • Correcto: éxito => ¿hay una nueva historia? => tenemos una nueva historia => la secuela es posible => hagámosla.

(Correcto / Incorrecto, según lo que me parece que deberían plantearse los creadores de buenas películas).

Así las cosas, en pocas semanas podremos ver en los cines Monsters University, la precuela de Monsters Inc. Según corrió por la red, ésta también iba a ser un proyecto independienteMike y Sulley añorando a Boo deciden reconstruir la puerta de su habitación, pero, cuando lo consiguen, se dan cuenta de que esa ya no es la habitación de Boo. ¿No os parece una gran diferencia con la premisa que nos plantea MU: “antes de trabajar, tuvieron que estudiar…”? ¡Eso es!: se acabó Boo –un gran personaje, todo hay que reconocerlo–, se acabó la puerta, se acabó la habitación… “¡Vamos rompernos el ‘coco’ para encontrar una nueva historia con nuestros amigos!”. He aquí el último tráiler:

De entrada –no me lo negaréis– la premisa de esta precuela tiene pinta de distinta, respecto a la primera. Y es lo que –de momento no me han mostrado lo contrario– hace Pixar. ¿Por qué, si no, aún no hemos visto –ni siquiera nos la han anunciado– una segunda parte de Los Increíbles? ¿No será que aún no tienen la historia que les convezca para no repetirse, y que no haga honor a la frase que tan famosa ha hecho Disney en muchas de sus películas directamente-para-DVD: “nunca segundas partes fueron buenas”? Por eso, me da “miedo”, cuando una compañía anuncia que va a hacer una segunda parte, inmediatamente después del éxito de la primera, como en el caso de The Croods. ¿Os acordáis –un ejemplo distinto– del descaro de Sólo en Casa 2, exactamente igual a la primera, pero cambiando el lugar? Incluso Cars 2 –digan lo que digan algunos, aunque es verdad que es la más comercialmente rentable de la compañía– mejora la anterior.

Por ahora, las próximas películas son totalmente nuevas: The Good Dinosaur (2014) e Inside Out (2015). Queda, también, aquella de la  que se ha dicho poco y que gira entorno a “el día de los muertos” mexicano…

Yo, sinceramente, aún espero grandes historias venidas de Pixar.